Esta tierra tiene el nombre de la independencia pero nadie quiere hacer libre su corazón, aveces me dice que el dicho tiene razón y que la deje, también aveces me dice que me quede a demostrar lo mucho que se puede hacer por ella, y al observar al caciquismo sin visión me pregunto ¿cómo poder sacudirse toda esa mierda, cómo sanarte tierra mía de tanta involución?
Ella me parió y sin embargo la llevo en las entrañas, me enseño a quitarme las espinas de los dedos, ha acostumbrarme a ellas, ¡total! por el sabor de esas tunas de varios colores bien vale la pena pasar una tarde limpiando mis manos y la del abuelo.
Los sueños míos siempre han sido entre magueyes y nopales galopando en un moro tan bien arrendado que los movimientos de mi cintura lo lleven, y yo con un sombrero andaluz el cuál sé desentona con mis paisajes, pero así soy yo, desentono por estos rumbos en ideas y en el contenido de mi corazón. En mis sueños también hay una cava surtida para los tíos y tampoco me importaría no visitarla de vez en cuando y cambiar cualquier vino tinto un fin de semana por un buen curado de piñón, pues les vuelvo a recordar que así es está mujer.
Mi tierra con sus sueños me atrapa y aún no sé si me iré, me quedaré o volveré, aveces he pensado en bajar por Bovedas a la maroma y buscar a la llorona en el río para decirle que me eche una mano con esos zoquetes que tiene así a mi tierra, pero como las almas soló se me aparecen para ponerme a chambear con mi interior pues nunca se me ha presentado, además ella sabe que también tengo varias cosas que decirle y eso la asusta más, ¡Pobre malinche! mejor se me esconde, sabe que esos mierdas son su descendencia más cercana.
Si tan sólo un milagro hiciera despertar a los de mi tierra, ella solita se encargaría con una sacudida de que la suerte nos cambiara a todos.
Mientras yo sigo visualizando rayos de sol reflejándose en las gotitas de rocio resbalando por las pencas una mañana en mi hacienda, esa hacienda que sueño desde niña, esa hacienda que me van a permitir en alguna vida, con sus ventanas de madera, señoras en los metates moliendo maíz, un tapanco con la historia de un romance entre los granos y todos los corredores llenos de flores, tal vez la he soñado en Montero, aveces pienso que ya viví ahí y que ya me permitieron eso o algo parecido antes, no lo sé pero si sé que algo en mi esencia aclama todo eso.
Así la veo, no cómo lo poco que es ahora sino como lo mucho que es, fue y puede ser, veo muchas otras cosas ya que estos rumbos sólo son un pedazo de mi tierra, no terminaría de escribir jamás si menciono la mexicanidad mágica de sus otras regiones. Y así puedo sentir como esta tierra quiere volver a ser, simplemente ser.
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