El blog de una chamana llanera



Rompiendo árboles genealógicos para dejar salir mi esencia propia y real

domingo, 27 de noviembre de 2011

Por qué odio los Amorosos de Sabines

Odio el poema de los amorosos, crueldad cínica en algunos humanos. Tal vez es porque me encontré ya a dos en el camino, después del primero juré no volver a encontrarme con otro, pero creo que sin ellos saberlo el diablo les ayuda.

Sabines debía saber su condición de hombre, pero trataba de hacerse el simpático aún sabiendo su propia crueldad, pues entendía que era uno de los que enamoraba para luego en el momento más hermoso que les había regalado, las olvidaba para irse a buscar otra, siempre buscar, siempre otra; forma sádica para torturar almas.

Ahora entiendo la función de las serpientes en los brazos - calor fingido, brazos fríos - Reconozco que deben de ser unos genios los amorosos, pues logran que las más centradas se les entreguen, hacen caer corazas para luego volverlas vulnerabilidad. Lastiman a las más entregadas para luego con gesto sádico mientras se están yendo, voltean a verlas recoger su alma fragmentada, casi muertas por dentro.

Por eso ellos no pueden dormir, aunque sé que no saben porque, es su conciencia que lamenta en gemidos internos sus acciones, por eso es que también escriben, para evitar la esquizofrenia, poemas, versos, pinturas y letras obsesivas pues sólo ahí no pueden engañarse. Seguro el también sádico Picasso no lograba conciliar el sueño.

Disfrutan verlas dormir en su cama después de hacerlas suyas con tan fingido pero bien actuado amor, ese que hasta te hacen vibrar por dentro, pero sólo juegan a no irse, para luego sádicamente gozar olvidándolas, tal vez ya disfrutando un café con otra más, pero también apunto de hacer su próxima huida para cuando más amor la nueva víctima demuestre.

Que bueno que siempre querrán regresar a su soledad, así el daño que causen no será tan prolongado, aunque las lágrimas dejadas se volvieron ya conceptos de vida. Sólo el humo de su cigarro los acompaña, observan lo que les escribe en el aire - desamor- pues fuman tanto porque ni ellos se aman.

Su silencio por eso es el más insoportable, las dudas del por qué se van matan en pocos días la paz que se tenía, y es que después entiendes que siempre se están yendo a alguna parte, esa parte que buscan y que nunca encontrarán afuera, no saben que deben buscar dentro de ellos para salvarse.

Por eso Sabines ya me cae mal, y su tía Chofi por eso seguramente no le heredo nada, lloró tanto su muerte, no por la herencia, no, sino por el remordimiento de ver muerta en ella a todas las que sabiendo amar fueron abandonas y echadas al olvido.

Y aún sin Dios y sin diablo él pudo llegar a esa dimensión de paz de la muerte, y ve ahí como un milagro, que muchas de ellas lo reciben sin rencor, ya sin dolor le explican que tendrá que regresar para aprender a no dañar almas, aprender a quedarse o mejor aún, a no acercarse, pues le explican con cariño, que sólo la muerte cura finalmente esa clase de penas de amor.

¡Huir huir siempre de ellos! salvarme ahora antes que sea mi fin, huir de las caricias de serpientes engañosas, asesinos en serie del amor. Felonías que se vuelven memorias del corazón. Y todavía al irse llorando, los amorosos se preguntan por qué no pueden salvar al amor, pero ya no lo entienden, ya están vacíos.

Y Sabines al recordar en la memoria los olores a cocina de lo que le guisaban con amor, desde la cocina de humo de la tía Chofi hasta las de azulejos de algunos amores, le duele la cabeza sin saber por qué, pero ya sabemos que son esos gemidos dentro de la conciencia que prefería mantener apagada para no llorar de remordimiento por los pedazos de alma que jamás sanaron en las musas asequibles de sus tantos poemas.

Las dejo marchitar cuando le enviaron una carta con palabras de amor, las cuales ya nunca les contestó; y tu silencio Sabines les mato las entrañas, ese filoso y fino silencio. ¡Poeta, ojalá los de tu especie nunca reencarnaran! Y las mujeres como yo no supieran amar tanto.

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