Llevo varias semanas con sólo 20 pesos en la bolsa y no siento que me falte nada, termino el año con el corazón muy golpeado pero llena de fortaleza. Visitar la casa de los abuelos paternos me devuelve un poco de alegría, siento como en esas paredes se asoman pedazos de mi infancia que todavía me dan tranquilidad, seguridad y gusto, los recuerdos de las gallinas saliendo de los closets volando sobre las camas después de poner un huevo, la gata sobre los pies durmiendo con mi abuela, los perros como parte de la familia siempre cuidandonos, las salidas a la milpa a cosechar, yo desgranando el maiz en el hall mientras la trampa de los pichones espera tener suerte, entrenamientos de baseball donde las piernas nos quedaban moradas de los pelotazos, (sólo así aprendimos a cachar la bola) el olor de los guisos de mi abue aún se perciben en el ambiente, y ni se diga el olor peculiar de la leche apunto de derramarse al hervir, es cuando sé el espíritu de la abuela anda rondando por esa casa de paredes altas, y el sonido de el carro de los helados me recuerda al abuelo. No terminaría de describir tantas cosas de ese lugar la base de mucho de lo que soy.
Luego vuelvo al pueblo materno dónde termino de completarme con mis gustos charros y taurinos, más recuerdos de los juegos interminables y muy creativos con los primos, cardones en los tenis y llantos de raspones, después aquí también la adolescencia y la juventud llena de parrandas, momentos de mucho gozo, experiencia y el dolor de algunos amores, como el último que me tiene desde hace un mes con una lluvia nocturna en mi almohada y que me hace pensar que ya estoy cansada, que ya quiero aprender a base de experiencias amorosas y no dolorosas, el que me hace notar que llevo 3 años con la chispa perdida que me caracterizaba y la cual me urge regresar a mí.
Estoy en este pueblo que por alguna razón se esfuerza en volver a los tiempos de acaballo, la sensación de mis horas de lectura mientras escucho relinchar a dos caballos conocidos detras de la casa es muy placentero mientras que cantidad de pájaros y mariposas siguen llegando al jardín en éste invierno. Ahora aquí gran parte de los olores y sabores de mi infancia se repiten con la esperanza de trasmitir a mis sobrinos y a los hijos o hijas que aún no tengo; un gato me abraza con una de sus patas patas mientras escribo un pensamiento en un momento de inspiración sobre mi cama.
El amor a todo lo que soy y he sido desde mi infancia me obligan a convertir en aforismos todos los pensamientos negativos, soy tantas y tantas cosas que aveces siento que me vuelvo nada, sé que sólo es una sensación de modestia, me conozco y hoy me descubrí otra vez muy narcisa apesar del dolor por el que paso y recordé que soy de buena madera para eso de seguir adelante, bromista aunque haya penas.
Mi sangre tolteca, española y francesa han hecho de mi una persona exquisita, pero de repente me veo como salida de un libro aún no editado o mejor aún, póstumo. El mundo que me he ido creando es asequible y deseo alcanzarlo con todo, con todo esto que soy. Cada persona que ha pasado por mi vida es un maestro, aveces cariños, aveces doloroso, no importa cual sea pues los dos han sido igual de valiosos me ayudaron a ver en mi interior cosas valiosas y cosas mezquinas que me gritan: ¡ vamos es oportunidad de liberarme, de liberarte!
Me da gusto darme cuenta que la niña que fui no se olvida de todo ese amor que recibió, todos esos recuerdos llegan a opacar recuerdos tristes de la niñez que también me han dado oportunidad de mejorarme de adulta. Empezaré el año cumpliendo 30 y lo único que puede pasar es que me vuelva más exquisita, que mi capacidad de amarme aumente y está entrada de mi blog sólo sea un epítome.
La fibra del capullo es dura, ha estado lastimando mientras trato de abrirlo, siento que raspa y aveces ha sangrado mis alas y mis sueños, pero sé que es parte del proceso, sigo rompiéndolo, a mi ritmo, a mi tiempo que es el de Dios. Lo que ya vi fue mi color y me gusta mucho, antes pensaba que me estaba tardando, que tres años ya era mucho tiempo pero ahora no pienso en eso y ya no me juzgo por eso. He decidido que lo que queda de mi vida será mejor y que también merezco el amor que yo he sabido dar, tengo mucho para entregar, amor desbordante para seguir entregando sin miedos. Esperaré con más amor a la mariposa.
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