Te comes una crema de elote bien preparada, de esas que hasta sientes los grumitos de los granos en tu boca, y recuerdas que la abuela entregaba todo su amor en la cocina, adornaba guisos y educaba paladares, nunca podrás evitar intentar descubrir los ingredientes en tu plato, si es que fuiste su nieta, esta mujer que huele la leche segundos antes de que hierva y siente su espíritu en algunos de los guisos que ahora prepara mi Madre, tu discipula fiel.
Abuela, aún hay olores de cocina que llegan de la nada y es cuándo sé que andas cerca supervisando que aún te recordamos con el paladar, el olfato y los corazones.
Tu discípula todavía te llora, la he encontrado recargada en la estufa sollozando mientras estaba preparando un mole verde, te fuiste hace 17 año y creo que casi todos los días se habla de ti en esta cocina y estoy segura que en muchas cocinas más de la familia.
Magui, que buena publicación, me transporte a esas cocinas con abuelas preparando los potajes, el barullo y los olores a potajes en plena cocción. Yo tambien tuve una abuela que vive en mi corazón y siempre es bien recordada.
ResponderEliminarUn abrazo.