Soñó en envejecer con él pero sólo las lágrimas se hicieron viejas y se marchito con el corazón aplastado, tiene el grito de su nombre ahogado en la garganta y el grito de un ¿por qué? ahogado en el alma, el eco del dolor se ha tatuado en su resignación.
Seguramente va a esperar con ansias su vejez para partir de esta enfermedad llamada vida, lo que no sabe es que cuando se tiene que abandonar el cuerpo es cuando más se recuerda a los amores de nuestra vida y es ahí que notamos que amamos con más intensidad de la que pensábamos.
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