Tarascos que le bailan a sus santos,
volcanes dormidos que inspiran a su gente,
gaspachos cargados que nunca hartan,
color interno de sus guayabas igualito al de su alma,
mujeres en las calles guisando sus corundas que casi regalan,
muchos colores que brillan en sus ropas,
el sabor del aguacate que aquí nace dando sabor hasta japón,
el agua fría que fluye mis penas en Uruapan,
y en el centro de Morelia me reconciliaría con mi comandante.
Ya hasta dicen que la nuez de macadamia a la que le ha encantado
la humedad de está tierra se quiere volver ya mexicana.